Lo peor de este Mundial no es el VAR ni el calor: son las pausas de hidratación
Aceptémoslo: cada vez que un partido se pone bueno, que un equipo huele sangre y empuja al rival contra su área, suena el pitazo y… todos al banderín a tomar agüita. Tres minutos de nada. El Mundial 2026 nos trajo un invento nuevo, obligatorio y, para este servidor, lo más irritante de toda la Copa: las dichosas pausas de hidratación.
Y antes de que me caiga la barra encima, vamos por partes.
Primero, lo justo
Sí, las pausas tienen sentido cuando de verdad hace un calor del demonio. En Seattle, durante el Bélgica-Egipto, el termómetro tocó los 32 grados; en Boston y Kansas City los jugadores las agradecieron. El golpe de calor es cosa seria —la temperatura corporal se dispara, llega la confusión, el desmayo— y un futbolista puede sudar hasta dos litros por hora. Nadie en su sano juicio quiere ver a un jugador desplomarse en cancha. Hasta ahí, todos de acuerdo.
El problema no es hidratarse. El problema es cómo la FIFA lo hizo.
La regla sin cerebro
La FIFA decidió que las pausas fueran obligatorias a mitad de cada tiempo, sin importar nada: ni la temperatura, ni si el estadio tiene techo, ni si tiene aire acondicionado. Resultado: vimos partidos en estadios climatizados y fresquitos parando igual para "hidratarse". El propio De la Fuente lo admitió antes del 0-0 de España con Cabo Verde: en un estadio con aire, la pausa sobra.
Lo más elocuente pasó en Vancouver: mientras Canadá goleaba 6-0 a Qatar bajo techo, la afición empezó a abuchear… la pausa de hidratación. Cuando el público chifla una medida pensada "para su bien", algo se hizo muy mal. (Y ya el colmo de lo absurdo: hasta los árbitros paran a tomar agua.)
¿Calor? Vengan a la Olla Mágica
Y acá va el reclamo más tico de todos. La FIFA detiene un partido en un estadio con aire acondicionado para que sus estrellas millonarias tomen agüita… mientras en Costa Rica, generaciones enteras se han fundido jugando 90 minutos en la Olla Mágica —el Lito Pérez de Puntarenas— sin que nadie pite jamás un "tiempo de hidratación".
Le dicen la Olla Mágica por algo: ahí el calor del Pacífico no es un detalle, es el rival número doce. Pegajoso, brutal, de esos que te dejan la camiseta como si hubieras cruzado el estero a nado. Y aun así, los porteños han jugado en esa cancha toda la vida —corriendo, marcando, ganando— a punta de aguante, no de pausas programadas. Nada de juntarse alrededor de la laptop del profe. Nada de comerciales en el minuto 22. Pelota al medio y a sudar la camisa.
Entonces, con todo respeto: que un seleccionado pare en un estadio climatizado de Atlanta para "refrescarse", mientras en la Perla del Pacífico se juega de verdad bajo el solazo… a uno le da risa. O bronca. O las dos juntas.
Matan el ritmo, que es matar el fútbol
El fútbol es bello, entre otras cosas, porque fluye. Noventa minutos que respiran solos, sin comerciales en medio de la jugada como en otros deportes. Las pausas rompen justamente eso. Lo dijo Deschamps con bronca: ahora el partido "es casi cuatro cuartos" en lugar de dos tiempos. Y tiene toda la razón: cortar el juego cada 22 minutos fragmenta el espectáculo y le quita ese vértigo que lo hace único.
No son pausas de hidratación: son pausas de entrenador
Acá está mi argumento favorito, y es serio. El técnico del Bélgica, Rudi García, las bautizó perfecto: "pausas de entrenador, no de enfriamiento". Porque eso son. Un equipo que viene dominando, presionando, con el rival contra las cuerdas… y de repente, freno. El DT que sufría junta a sus jugadores, reordena, da instrucciones y mata el envión del que mandaba.
¿Y saben qué hemos visto todo este Mundial en gol.cr? Favoritos que dominan y no concretan. España (0-0), Bélgica (1-1), Uruguay (1-1), Holanda (2-2)… una lista larga de candidatos frenados por bloques ordenados. No digo que sea la única razón, pero sí me pregunto: ¿cuántos de esos empates se cocinaron en una pausa que le regaló al que se defendía el respiro y la pizarra que necesitaba? El reglamento le entregó al débil un timeout gratis. En un deporte que nunca lo tuvo.
Y, de paso, más comerciales
Por si fuera poco, está el elefante en la sala. Virgil van Dijk lo soltó sin filtro tras el empate con Japón: cada pausa es, convenientemente, otra tanda de publicidad para los socios televisivos de la FIFA. O sea: el "cuidado del jugador" viene con espacio comercial incluido. Qué casualidad.
El verdadero culpable
Y acá está el remate. Porque lo peor de todo es que las pausas son un parche a un problema que la propia FIFA creó: programar un Mundial de verano en el calor brutal de Norteamérica —dicen que podría ser el más caluroso de la historia—, con partidos al mediodía para que cuadren los horarios de la tele europea. Primero te meto en el horno, y después te doy un vasito de agua para que aguantes. Y ni eso bien: varios científicos avisaron que tres minutos son muy pocos para refrescar de verdad cuando el sol pega; pedían al menos seis.
Entonces, seamos claros: el villano no es la hidratación. El villano es la FIFA, su calendario hecho para la billetera y su manía de aplicar una regla con escuadra y sin sentido común.
Las pausas de hidratación son lo peor de este Mundial. No porque los jugadores no las necesiten a veces —sí las necesitan—, sino porque resumen todo lo que está mal: el negocio por encima del juego, la regla por encima del criterio, y el comercial por encima de la pelota.
Dennos de vuelta los dos tiempos. Y, ya que estamos, un calendario con cabeza. Y si de verdad creen que saben de calor… los esperamos en la Olla Mágica, a ver cuántas agüitas piden. 🥵
Las opiniones de esta columna son responsabilidad de su autor y no necesariamente reflejan la posición de gol.cr. ¿Estás de acuerdo o me querés mandar a la banca? Te leemos. Columna de opinión, gol.cr · junio de 2026.